Qué es el canon de las Escrituras
El canon católico de las Escrituras comprende 73 libros (46 del Antiguo Testamento + 27 del Nuevo Testamento). Estos libros fueron reconocidos como inspirados por Dios por la Iglesia primitiva y confirmados oficialmente en los concilios de Hipona (393) y Cartago (397), y definitivamente en el Concilio de Trento (1546).
Releyendo ese proceso, los principales factores que pesaron en el discernimiento suelen resumirse en cuatro criterios (una síntesis didáctica, no una lista oficial cerrada):
- Apostolicidad — origen en los apóstoles o sus discípulos directos.
- Ortodoxia — conformidad con la fe recibida y predicada.
- Uso litúrgico — lectura habitual en las asambleas cristianas primitivas.
- Aceptación universal — reconocimiento amplio entre las Iglesias locales.
Qué es la Tradición de la Iglesia
La Tradición (con T mayúscula) es la transmisión viva de la fe recibida de Cristo y de los apóstoles, distinta de las pequeñas tradiciones (con t minúscula) — costumbres litúrgicas, disciplinares o devocionales que pueden cambiar con el tiempo. Los escritos de los Padres de la Iglesia, las definiciones de los Concilios y la enseñanza del Magisterio son testigos y guardianes de esa Tradición: la transmiten e interpretan con autoridad, pero no se confunden con ella en sentido estricto.
Los Padres de la Iglesia, los Doctores y el Magisterio no sustituyen a la Escritura — ayudan a la Iglesia a leerla, defenderla y aplicarla en cada época. Escritura y Tradición forman un solo depósito de la fe.
Apócrifos no heréticos (no canónicos)
"Apócrifo" (del griego apókruphos, "oculto") designa textos cristianos antiguos que no entraron en el canon pero circularon entre los primeros cristianos. Algunos son teológicamente compatibles con la fe católica; otros no.
Ejemplos: Protoevangelio de Santiago, Pastor de Hermas, Hechos de Pablo y Tecla. Influyeron en la piedad católica (p. ej., los nombres de Joaquín y Ana, padres de María, están asociados a tradiciones difundidas por el Protoevangelio de Santiago), pero no tienen autoridad doctrinal.
Textos de atribución incierta
Algunos textos cristianos antiguos tienen autoría disputada o desconocida — llamados pseudoepígrafos cuando se atribuyen falsamente a un autor conocido. Ejemplos: Epístola de Bernabé, Epístola a Diogneto, Didaché.
Aun sin autoría firme, tienen un valor histórico considerable: muestran cómo pensaban, oraban y se organizaban las primeras comunidades cristianas.
Textos rechazados por la Iglesia
Son escritos que la Iglesia, al discernir el canon, no reconoció como inspirados — por motivos que iban desde la autoría falsamente atribuida (pseudoepigrafía) y la falta de vínculo apostólico hasta doctrinas abiertamente contrarias a la fe. Muchos están ligados a herejías antiguas, sobre todo el gnosticismo, corriente que enseñaba:
- Dualismo (materia mala × espíritu bueno), negando la bondad de la creación;
- Salvación por conocimiento secreto (gnosis), accesible solo a iniciados;
- Docetismo — negación de la Encarnación real de Cristo.
Ejemplos: Evangelio de Tomás, Evangelio de Felipe, Evangelio de María, Evangelio de Judas. Conocer estos textos tiene valor apologético: ayuda al católico a percibir por qué la Iglesia, guiada por el Espíritu Santo, supo distinguir entre lo que era Revelación y lo que era especulación humana.
Cómo usar el Codex de forma provechosa
- Comienza por los Padres de la Iglesia y Doctores — forman el "currículo" clásico de formación católica.
- Usa los textos complementarios (apócrifos, atribución incierta) como contexto histórico — no como autoridad.
- Aborda los textos rechazados con discernimiento — para entender por qué fueron rechazados, no como fuente de doctrina.
- En caso de duda sobre cualquier lectura, habla con tu párroco o director espiritual.
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